Vinos de Galicia, lo mejor que nos viene

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La Casa de Galicia en Madrid ha sido el escaparate de algunos de los grandes vinos y destilados gallegos, una selección de más de 75 referencias recogidas en la “Guía de Vinos, Destilados y Bodegas de Galicia 2014” que, bajo la dirección de Luis Paadín, hace un recorrido por las excelencias de una tierra consagrada tiempo ha por sus finos albariños, pero en la que ya se han consolidado otras muchas exquisitas y delicadas producciones autóctonas dentro y fuera de las cinco denominaciones de origen.

Pudimos apreciar vinos muy codiciados como Sorte O Soro 2011, de Rafael Palacios, un excepcional godello de Valdeorras, auténtica obra de arte, sinfonía de notas frutales, ahumados y minerales en nariz que pone el preludio a una boca de extraordinaria amplitud, frescura y suavidad. E incluso pudimos encontrar el Ribeiro de Emilio Rojo 2011, objeto de deseo, combinación de treixadura, lado, loureiro y albariño de la que resulta un vino increíblemente suave, cremoso, equilibrado y amplio, una genialidad que no en vano ha sido considerada como uno de los mejores blancos de España.

Los blancos fueron, como cabía esperar, mayoritarios en la cita, con toda una representación de godellos que brillaban por su amable y atractivo carácter, que nos dieron pie a recrearnos en la sobresaliente finura del Godeval Cepas Vellas o del Gargallo Godello, del que ya hemos tenido ocasión de hablar en este espacio.

 

Viejos conocidos de albariño como los Rías Baixas de Martín Códax, cuya sólida presencia se materializó por ejemplo en el delicado, cremoso y pulido “lías 2010”, o los infalibles Pazo de Señoráns y Terras Gauda, convivían con apuestas más novedosas en Ribeiro, entre las que disfrutamos de un trío compuesto por el Felicísimo 2012, que llegó arropado por los dos hermanos de esta bodega de Rivadavia: El Paraguas Atlántico y Agás do Tempo. Aunque si de tríos singulares y reveladores hablamos también tendremos que citar las tres elaboraciones de la familia compuesta por Norte&Sur, Norte y Sur.

Había en este túnel divertidos vinos de autor, como el albariño de Casal de Flores. Ciertas rarezas, como el Muradella 2010; vinos de culto, como el godello Lobarzán IS 2012; y una espectacular demostración del potencial de los vinos tintos. Podríamos empezar esta relación por un Ribeiro, el Hush 2010, una genial combinación de sousón, brancellao y caíno de delicioso equilibrio, suavidad y recorrido. Podríamos seguir por los rotundos Algueira Fincas y Pizarra, ambos de 2011, el primero de caíno y sousón, el segundo de mencía, los dos de Ribeira Sacra, donde la naturaleza parece capaz de concentrarse en una botella.

 

Otro tinto para la crónica tiene el curioso sello de Father 1943, sorprendente mencía de 2011 procedente de Monterrei, al igual que su vecino Finca Os Cobatos. De Valdeorras llegaba un Viñaredo Sousón 2010 que quitaba el sentido, y un curioso Escada Lembranzas de la variedad alicante, uva que también pudimos encontrar combinada con mencía en el Traste 2012, de una jovencísima Bodega José Luis Arístegui.

 

Tintos cada vez mejores, cuya elaboración alcanza ya un contundente grado de madurez y consistencia, tintos finos, suaves, equilibrados y nada ambiguos. Porque en Galicia hay pocos grises, aunque parece que hacen mucho ruido. Nos tenemos que ir, pero todavía hay lugar para un licor café, una buena forma de terminar la sesión, y lo hacemos con Lenda Galega, sutil y delicado. Una maravilla.